José Cobo modela 'Confrontaciones' con palabras 'vestidas' de bronce
El artista santanderino expone en la galería Fernando Silió su obra más reciente
MARIÁN BÁRCENA

Prolífica creación
Habla José Cobo de cómo «la eternidad se enamora de ciertas formas» y cómo la muerte da sentido al arte. Y lo dice con palabras de bronce: «Lo que puedo explicar con unas palabras no lo puedo explicar con otras», citando a Neruda. El manierismo, el barroco, el expresionismo y el arte conceptual atraviesan como cometas las figuras que el escultor santanderino expone en la galería Fernando Silió, inmersas muchas de ellas en una convulsión antropológica.
Se ha escrito que José Cobo trae en su arte el comentario social y que es escultor sociológico. Es posible que, a simple vista, sus creaciones levanten los ojos para encontrarse y señalar una realidad inmediata, pero la atmósfera de convulsión hace sospechar muchas otras cosas. La tragedia silenciosa alza en ellas su telón y representa una denuncia, una llamada de alerta, un peligro y una confrontación consumada.
El escultor modela, más que figuras, situaciones, paradojas. Su obra es directa, va derecha a la pupila del receptor, de ella, a su conciencia. Nada más lejos de la indiferencia que la actitud de sus creaciones. José Cobo convoca con sus esculturas una llamada a la reflexión. Incomoda, remueve, pone en circulación personalidades que se diferencian claramente del cuerpo físico que las sustenta. Ironiza sobre la encarnación de sus conceptos y reúne criaturas inhabituales en los foros del pensamiento.
Los seres de este artista no son candidatos a la salvación, aunque la merezcan. Como todos nosotros, padecen y se expresan a través de sus gestos; se movilizan ante el tiempo. Fauno, niños, monos, perros, gatos, seres dulces y frágiles que, a priori, le permiten suavizar el horror; pero a los que no dejamos de contemplar como «fieramente humanos».
«Son las obras las que eligen a su público", dice el artista. Y, efectivamente, la convulsión no parte sólo de las figuras hacia el espectador: el dramatismo de éste último ve la obra y la contextualiza. El espectador elegido y la obra se dan la mano, se identifican, se reconocen. Ambos aprehenden la materialidad de la muerte y la paradoja de la vida, íntima e inquietantemente. Hay un puente del inconsciente que sus obras y la mirada del espectador cruzan, en sentidos contrarios. Se buscan y se confunden, acaso, en un sueño doloroso e introspectivo.
La muerte percute el arte
La experiencia de unir exterior e interior parte, en José Cobo, del modelado; no del platonismo escultor que extrae materia de un bloque hasta «hallar» la figura. Su procedimiento le permite cambiar cualquier plan previsto, y, acaso, sus obras mutan y se trasladan, incluso estando aparentemente conclusas. El modelado le permite rendir homenaje al momento creativo, ata la obra al sucesivo presente. 'Confrontaciones' es el título con el que ha dado cita a los trabajos que presenta en la galería santanderina.
La lucha de fuerzas desiguales, la ventaja de quien ostenta un poder mayor, la eterna lucha de contrarios, el privilegio de quien nace favorecido por la fortuna emergen en piezas como 'Confrontación asimétrica' (la ventaja del grande sobre el pequeño) y 'Correcto y equivocado', grupo escultórico formado por dos monos, alzados sobre sendas peanas. El soporte de uno es circular y le provoca la caída; el del otro es un correcto cuadrado, que le da estabilidad, seguridad. Irónicamente, insultantemente, utiliza el escultor a los monos para representar la inútil y ridícula batalla de contrarios metafóricamente humanos.
Una confrontación esencial surge con la materia: el bronce encarnando la vida. Pulido o pintado, el metal es el contrasentido inmediato de la fragilidad. El artista expone contrario a contrario: músculo contra hueso, duro contra blando. Conceptualmente opone mito a hombre, cultura a animalidad, en el sentido natural del término.
Sus figuras presentan, las más de las veces, cuerpos sin concluir. A veces, unas extremidades abandonadas; otras, un busto con gesto propio, un torso con su soledad, una cabeza de infancia con su ausencia. Probablemente busque que el espectador concluya, con su reflexión, el cuerpo, o se interrogue sobre el por qué de la mutilación.
Pueblan esta entrega niños, perros, gatos, monos y un fauno que se ha descalzado y ha dejado sus zapatos mecánicos. Otra confrontación: la pezuña montada en un patín. El mito que deviene en ser mortal, el animal que conquista una cultura y una tecnología, pero no puede renunciar a su naturaleza. El hombre, acaso.
En la obra de José Cobo el hombre y su cuerpo llevan la marca de una carencia congénita: el sello de lo transitorio y lo pasajero está impreso en ellos como un estigma. Al igual que otros seres vivos, perros, gatos, monos, niños precisan de cambios, de evoluciones, de mudas para seguir siendo ellos mismos.
La materia sustenta la idea
Cada obra, cada ser es uno y, a la vez, es otro en función del contexto que el escultor recrea en la sala. Los gatos que abandonan más que una piel (la tremenda y tortuosa obra central 'Confrontación entre mudas de gato'), un cuerpo, para desarrollar otro, y «sin embargo, para llegar a ser siempre, otra vez, los mismos». Los canes reposados que acompañan y guardan, leales, los cuerpos de dos niños en parte ausentes, la infancia desdibujada, «el privilegio de quien nace a una edad de oro con todos los propios de su clase social», forman un grupo escultórico suntuoso: cabezas doradas, perros dorados, 'vestidos' con bronce brillante para la ocasión.
Coronan el centro de la exposición unos 'Raqueros' suspendidos: parecen lanzarse al vacío; arriesgan lo único que poseen, la vida, al cambio, al fracaso, tal vez. En sus 'Confrontaciones' presenta también un nítido elemento moral: la justicia. Justicia humana, descabezada, claro; aún con sus brazos abiertos, implorando o llamando o acogiendo todo el conjunto: frágil, doloroso, inquietante.
Todas las obras forman parte de un mismo escenario en el que la vida lucha consigo misma. Pero la pugna en la obra de este escultor no está simplemente planteada: la tensión ha llegado, se ha instalado, reclama cuerpos, pide sangre, desbarata vida. Aunque la eternidad se haya enamorado de las formas.
«La materia sustenta una idea, una síntesis, no una emoción», nos dice el artista. Y José Cobo se sirve del bronce suntuario, que fue de dioses y reyes, para encarnar la cotidianeidad, para arrojarla a lo eterno. La escultura de estos trabajos es una realidad plástica que posee un contenido mental. El creador pone a trabajar a seres que están muy vivos para dirigirse a los otros. Y lo hace con materia suntuaria.
Sus obras no prescinden de color.. El metal ha sido elegido por su plasticidad, y el 'vestido de color' implica, además, un cambio de materia: física, química y moralmente. El color extrae la verdad del metal, engrandece su verdad. Los gatos sanguinolentos abandonan una piel, la justicia es azul, los niños desvanecidos brillan con su pátina de esmalte, los raqueros crepitan en la noche del bronce.
Mucha reflexión y franqueza habitan la creación de José Cobo. Pero ha de insistirse en que la soledad de sus figuras es social. Los privilegios y la tragedia, el dinamismo, la ironía nos atañen a todos. Tal vez sea por ello que exhalen estas 'Confrontaciones' tanto escalofrío, tanta inquietud, tanto desasosiego, tanta proximidad descarnada, tantos planteamientos. Vayan, y vean.