EL DIARIO MONTAÑÉS
Gabriel Rodríguez. 22.XI.2004LA EXPOSICIÓN


El escultor José Cobo (Santander, 1958) regresa a Santander con una exposición en la galería Fernando Silió, compuesta por una colección de obra reciente, de bronces pulidos o cubiertos con alguna pátina ocasional. Son obras que, a pesar de estar realizadas en el presente año, tienen algo de recapitulación, de mirada retrospectiva hacia los personajes escultóricos con los que ha convivido en su pasado reciente. La mayoría de las obras están realizadas por medio del modelado en barro, de una manera rápida, intuitiva, expresionista, para ser fundidas posteriormente en bronce.
El título de la exposición, 'Confrontaciones', hace referencia a varias cosas, como la verificación de las propuestas cotejadas con la realidad profunda de lo representado, la puesta frente a frente con respecto a la parte oculta que no queremos mirar, la dualidad permanente que estructura dialécticamente nuestra forma de conocimiento, la ambigüedad de la obra de arte: sus perros son demasiado humanos, sus niños demasiado adultos, sus monos demasiado engreídos.
José Cobo nos ofrece una serie de piezas de pared, formato por el que tiene una particular querencia, obras que habitan entre los límites del muro, de la pintura y del mobiliario, como la 'Cabeza dorada barroca I y II' (2004), sobrios personajes de monocromía incierta que, a pesar de su contención o de su sobriedad, tienen un componente siniestro en su engolada quietud.
Una de las obras centrales de la exposición es la 'Confrontación entre mudas de gato' (2004), obra de presencia truculenta, en la que hay algo parecido a una penetración de las formas, en las que se mezclan referencias de sexo y muerte, un exceso en la búsqueda de lo real a través de la piel horadada.
El despiece, la presencia del cuerpo fragmentado, aparece también en 'Pezuñas mecánicas' (2004), obra de bronce sobre acero inoxidable, que atenta contra el sentido unitario del cuerpo, ocupando con sutileza el espacio de lo siniestro, el desgarro, la distancia entre lo mecánico y lo natural. Las pezuñas aparecen dejadas, tiradas como algo inútil, vueltas del revés.
Piezas también centrales son sus 'Raqueros', en gran o en pequeño formato, dibujos aéreos que trazan su gesto en el espacio. Hay siempre algo excesivamente humano reflejado en sus animales, lo mismo que algo cercano a lo animal, primitivo e inocente, en sus seres humanos. Son piezas efectivas, impactantes, bailarines del aire en posturas inoportunas.
Las obras de José Cobo tienen una constante desnudez que, a veces, las persigue más allá de la piel. Son seres convulsos, figuras paradójicas, que nos confrontan con un espejo incómodo. Así ocurre con sus monos irónicos, que ridiculizan las ansias, los afanes competitivos, en los que nos vemos reflejados como en un espejo descarnado, distanciado y divertido.
Tradición y ruptura
Es también una obra que confronta las actitudes tradicionales de la escultura, el tema del desnudo, la utilización de materiales nobles, la dedicación a la figura, el color sobrio, la presencia del metal, la utilización del cambio de soporte material de la obra o del cambio de escala, todos ellos ingredientes de una forma tradicional de concebir la obra, con una profundidad conceptual cercana a la ruptura sarcástica, a las transgresiones de Fluxus o de Beuys. Confrontaciones a través del tiempo, obsesiones que se encarnan en una serie de temas, que se concretan en personajes recurrentes, en los que la escultura de José Cobo quiere seguir profundizando.