Inicialmente, el trabajo de Cobo, por su similitud con el representacionismo romántico aparenta y evidencia una limitación emocional y formal. Después de una observación más de cerca, uno se da cuenta de que su punto álgido deriva de paradoja contextual, ambigüedad y realismo. La apariencia no es siempre la realidad. Contextualmente uno debe adentrarse en el trabajo guiado por indicaciones de material, técnica, escala y superficie, tanto como posición, expresión y composición. El significado no simplístico o inmediato se consigue por la contemplación de complejos estratificados de referencia.
Siendo español, no es sorprendente que el contenido de la mayor parte de las obras de Cobo sea dualista. El hermafrodita, por ejemplo, se presenta como una ironía dualista. Aunque es pansexual, su sexualidad no tiene función, únicamente autogratificación. La hembra no puede producir y el macho es impotente. Pintados para representar una frescura arcadiana, sus grupos mitológicos existen antes y ahora. Estas imágenes neomediterráneas cuestionan la naturaleza del mito y la realidad, así como la relación del pasado y del presente.
Hay referencias representativas al tema del aislamiento moderno. Tumbadas separadamente en vastos terrenos horizontales, las imágenes están física y emocionalmente aisladas. Un macho y una hembra están de pie o sentados juntos, pero sus preocupaciones individuales les separa e incomunica emocionalmente. No son amantes, familia, ni siquiera una pareja. Estas figuras son cada hombre y cada mujer. Su identidad genérica es la red utilizada para capturar al observador individual en la malla del total. Soy yo y eres tú: vosotros y ellos.
A Cobo obviamente le concierne encontrar la verdad o realidad, común de las especies, más bien que ahondar en los aspectos superficiales y evidentes de la individualidad. Presenta las oscuras ironías de la comedia humana, a través de los recursos tradicionales españoles de la sátira y la picaresca. Como en una gran parte del Arte Hispánico del siglo xx, lo goyesco está presente. Las introspecciones satíricas de Cobo, por lo tanto, enseñan a menudo la figura de una forma esperpéntica y grotesca, reminiscente de los Caprichos y los Proverbios. Como en Goya, sus fantasías brotan de una dolorosa consciencia de su ambiente sociológico y sicológico. Estas cualidades goyescas, sin embargo, están realzadas por un misterio y una negrura que son específicamente cántabras… un temperamento tradicionalmente ligado a un clima temperamental y un paisaje hosco.
Vulnerabilidad, una de las preocupaciones persistentes de Cobo, está normalmente tratada dialécticamente. Sus imágenes policromadas de hombres y mujeres , reflejan tanto una tenue confianza como una dolorosa inseguridad. Son heroicas y antiheriocas. San Sebastián es a la vez un mortal temporal y un santo eterno, creyente y escéptico, perdedor y ganador. Los perros de Cobo reflejan vulnerabilidad y tenacidad . quizás durmiendo, quizás muertos, tumbados y expuestos, abandonados y separados en una planicie de lodo. Sin embargo, sus singularidades heroicas atestiguan elocuentemente su domesticado propósito de fidelidad canina… un sometimiento que contrasta con la autosuficiencia egoísta de los humanos, pero no necesariamente su amo humanitario.
La elección de materiales y técnicas no es fortuita. Han sido escogidos para amplificar el estado de ánimo y la referencia temporal. Vigorosamente trabajados, los bocetos de barro son la esencia de la espontaneidad. Estas imágenes instantáneas, expresionistas, sólo son segmentos temporales. Casi como fotogramas de una película, son la experiencia o sucesos encadenados y enlazados a través de un proceso de visión. El bronce es utilizado en su papel tradicional de monumentalizador. A pesar de la escala actual, la aparente circunstancia privada , es hecha pública y preciosa por ser de bronce. Algunos de sus materiales y técnicas hacen referencia evidente a la tradición española. Como Chillida, es consciente de la importancia económica y estética, histórica y actual del metal en el Norte Cantábrico. El uso del bronce, por lo tanto, le une a esta antigua tradición de escultura en metal.
La terracota es predominantemente usada para imaginería mitológica. Basado en los conceptos míticos greco-romanos e ibéricos. Cobo usa el barro apropiadamente, un material sinónimo de la figuración mediterránea. A menudo estas figuras se reclinan hacia el suelo para expresar la idea metafórica de merger y emerger. Barro tierra y barro cuerpo se hacen intercambiables. Un continuo proceso metafórico. El barro es también el medio perfecto para un artista interesado en la metamorfosis. De la masa inicial amorfa se modela la imagen temporal que puede ser más adelante metamorfoseada a través del vaciado a un estado intemporal.
La policromía es una técnica usada en la escultura para recrear la tradición prevaleciente en la antigüedad, medievo, renacimiento y barroco español. Sea la Dama de Elche o una figura de Berruguete o Montañés, el pintado de la superficie se hacía para conseguir un engrandecimiento de la realidad física que dualísticamente complementa la extendida abstracción residente en la metáfora contextual.
Cobo plantea cuestiones. No ofrece soluciones. La confusión postmoderna es una carga repartida. Sugiere, como hicieron El Greco, Velásquez, Goya y Picasso para ver, no sólo mirar. Nuestras responsabilidades como observadores, son por lo tanto, percibir la realidad por debajo de la fantasía inicial o la apariencia de la superficie.

Profesor Robert J. Loescher
Director
Department of Art History, Theory, and Art Criticism.
School of the Art Institute of Chicago.